Kalaka whisky viejo

Bueno amigos, hoy tras un parón revitalizante os traigo una experiencia culinaria después de haber cenado en el restaurante Kalaka “Whisky viejo”. Este restaurante, situado en la calle Lersundi número 3, Bilbao y cuyo teléfono es 94 423 56 95 , lo ha montado Eneko Atxa con su grupo para intentar recuperar la cocina clásica, en contrapunto al vanguardismo que ha mantenido en su “laboratorio”, aunque creo que la dirección ha cambiado, así como la gerencia.

El local tiene una  decoración modernista, con distribución muy desigual y bastante rara. Tiene varias zonas, incluyendo varias mesas justo en el pasillo de entrada. Vamos, que si te toca una de esas en invierno harás de portero y pasarás frío e incomodidades, pero lo gracioso era esa “vela eléctrica”, porque emitía parpadeos y era un detallito gracioso.

El caso es que lo de hoy más que crítica es una crónica de una buena noche, entre risas y con la mejor de las compañías. Así que lo que voy a hacer es contaros qué platos y cómo resultaron.

Al entrar nos atendió un camarero. La verdad que a mí me sorprendió el talante que llevaba, me gustó e hizo que me sintiese cómodo. Lo que me pareció feo fue que no nos ofreciera el pescado del día, mientras a otras mesas que entraron después les ofreciese rodaballo, merluza o lubina para 2, 3 o 4.

Para beber, agua, que resulto ser el agua de Mondariz, la cual es un agua bastante fresca al paladar. Cuando comienzas a beberla te deja una buena sensación de frescor y por ello sigues bebiendo… Su eslogan ya lo dice “Cuanto más bebes, más te gusta y te sientes mejor”, jaja.

Bueno, nos trajeron un aperitivo para ir haciendo boca, un pudding de pescados (merluza y rape) con una salsa por encima. Me gustó mucho, que queréis que os diga, si por mí hubiera sido habría repetido unas 20 veces.

Pero bueno, después de ver la carta, que curiosamente era una blonda impresa con el menú y pegada a una bandeja de estas de pastelería, como veis en la foto (perdonad la calidad, pero el móvil es calidad patatapixel).

De entrantes pedimos para los dos unas anchoas, pensando que no serían de envase, pero bueno, estaban ricas digan lo que digan. De acompañamiento unas tiras de pimiento asado al punto de sal y el aceite que bueno, al final acabamos mojando pan como posesos (he aquí la señal de lo bueno que estaba).

Yo tome un “Sapito a la piedra con su refrito” que tenia patatas panadera de acompañamiento y mi acompañante unas carrilleras con crema de patata. Del sapito decir que estaba bueno, quizá un poco gomoso pero realmente sabroso. Eso sí, ver como aparece el plato esa especie de alien da un poco de grima/risa. Las patatas al punto cremosas y delicadamente templadas. Lo que no vi fue el ajo tostado, del cual debió quedarles un culo que es lo que vi.

Las “Carrilleras guisadas a fuego lento con crema fina de patatas”, muy buenas. La salsa de “x”, que supones que es del propio jugo de las carrilleras rica, vamos, de coger pan y mojar…. Y esa es otra, menudo pan bueno, muy similar al gallego “pan de Brona”. El acompañamiento es otro tema, porque donde dije digo, digo diego… La crema de patata resultó ser un pegote ácido de patata y queso, lo cual me pareció mal por no avisar de este detalle, que resulto desagradable para un plato bien rico.

Para terminar, yo pedí un postre de cuyo nombre no quiero ni puedo acordarme pues al recordarme al strudel me emocioné pero al partir aquella masa frita que apestaba a los demás fritos anteriormente bañados en dicha freidora, venían unos aromas a anís que eclipsaban la crema de nueces y manzana que tenía dentro la masa. Al final resultó algo incomible.

Para rematar la cuenta, detalle el traerla en una cajita de latón decorada a los años 50 con unas tarjetas dentro, momento en el que aproveché para promocionar a mis amigos de Belmondo. Aprovecho para anunciar una crónica de esta coctelería madrileña con toques italianos, desde aquí saludos a Francesco y Miguel. Y poco más, nos fuimos a criticar un poco por ahí el rollo que venden, pero es una experiencia que hay que pasar si estáis por Bilbao; y caro… honestamente, no es, todo esto que os comento nos salió por unos 50 euros.

Espero que os guste la crónica y dentro de poco después de una nueva crónica anunciada a la única coctelería que encontré en Bilbao que merezca la pena, vendrán nuevas recetas.

¡Saludos amiguitos culinartistas!

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Acerca de CulinArts

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